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Software para la tienda escolar de tu colegio

En Colombia el mismo sitio se llama tienda escolar, cafetería o restaurante escolar según el colegio. FoodCash es lo mismo para los tres: el estudiante paga sin efectivo, el acudiente decide qué puede comprar y la institución deja de contar monedas.

Tienda escolar, cafetería o restaurante escolar

Son el mismo problema con tres nombres. Tienda escolar es el término que usa el Ministerio de Salud en su reglamentación; restaurante escolar el del Programa de Alimentación Escolar; cafetería el más común en colegios privados. Algunos dicen kiosco. Lo que cambia entre ellos es el tamaño y quién lo opera, no lo que hay que resolver: cobrar rápido en un receso de veinte minutos, saber qué se vendió y que un niño no compre lo que no puede comer.

FoodCash funciona igual en los tres. Lo que sí cambia según el caso es qué módulos se contratan: un colegio que produce su propia comida usa recetas y producción; uno que sólo revende empaquetados, no.

Qué resuelve en una tienda escolar

Cobro sin efectivo
El estudiante paga con su tarjeta o su código contra el saldo de su cuenta. No lleva dinero al colegio y no hay que dar vueltas, que es lo que más alarga la fila. La caja puede seguir cobrando en efectivo y por transferencia mientras dure la transición.
Inventario que se descuenta solo
Vender descuenta existencias en la misma transacción, no en una planilla aparte. Un inventario que hay que cuadrar a mano deja de usarse en tres semanas.
Control del acudiente
Límite de gasto diario, bloqueo por alérgeno, tope de unidades al día de un producto concreto y días en los que no se puede comprar. Los pone la familia; el personal de la tienda puede consultarlos pero no levantarlos.
Cierre de caja en minutos
El sistema ya sabe qué se vendió y por qué método. El efectivo y la transferencia se distinguen, porque sólo uno de los dos deja billetes que contar.
Fichos y vales
Lo que no es comida —un vale, una fotocopia, un carné— se vende y se cobra igual, pero no controla existencias, no lo ven las familias y queda fuera de las estadísticas nutricionales. Contarlo como comida hundiría la media de calorías del día.

Qué exige la Ley 2120, y qué no

Esto es orientación, no asesoría jurídica. Si tu colegio necesita una posición formal, consúltalo con su abogado.

La Ley 2120 de 2021 adoptó medidas para fomentar entornos alimentarios saludables y prevenir enfermedades no transmisibles. Es la ley del etiquetado frontal de advertencia —los sellos de exceso en azúcares, sodio y grasas saturadas— y la que encarga promover entornos saludables en los espacios educativos: acceso a agua potable, fomento de frutas y verduras, y acciones pedagógicas sobre alimentación y sobre cómo leer el etiquetado.

Lo que esa ley NO hizo, y se repite mucho al revés: no prohibió vender ultraprocesados en las tiendas escolares. Esa prohibición estaba en el proyecto y se cayó en la conciliación. Un colegio que crea que la ley ya se lo prohíbe está decidiendo sobre una norma que no dice eso; y uno que crea que no le afecta en nada tampoco acierta, porque las obligaciones de información y de entorno sí existen y la regulación se sigue moviendo.

Lo que un colegio puede hacer hoy sin esperar a nadie es lo que de verdad cambia el entorno: saber qué se vende y poder demostrarlo. Ahí es donde un sistema ayuda — no porque prohíba nada, sino porque cada producto lleva sus calorías, su tabla nutricional y sus alérgenos declarados, y cada compra queda registrada con ese detalle congelado.

La información nutricional, y una regla que no se negocia

Cada producto del catálogo lleva sus calorías, su tabla nutricional y sus alérgenos, cargados por el colegio. Al vender, ese detalle se congela en la compra: lo que un acudiente consulta en noviembre es lo que su hijo comió en marzo, no la ficha de hoy.

Un producto sin alérgenos declarados se muestra como «sin declarar», nunca como «libre de alérgenos», y un nutriente que falta se lee como «no declarado», nunca como cero. Convertir una laguna de datos en una garantía es lo que hace que una familia baje la guardia.

Qué hace falta para empezar

  • El padrón: estudiantes, cursos y acudientes. Es lo que más tarda y lo que no se puede improvisar.
  • El catálogo con sus alérgenos declarados. Sin eso el control parental no puede funcionar, y las familias que se apuntaron por él se sienten engañadas.
  • Una caja: sirve una tablet. El punto de venta está pensado para pantallas de 1024 px en horizontal.
  • Decidir qué pasa si un estudiante se queda sin saldo a la hora del almuerzo, y decírselo a las familias antes de empezar, no el día que ocurre.

Los detalles de la transición están en la guía cómo sacar el efectivo de la cafetería de un colegio. Si prefieres verlo con tu menú y tu padrón, escríbenos.